#ColumnaInvitada | La nueva normalidad, ¿un cambio de paradigma?

La Ciudad de México tiene un alto número de población en movimiento constante por lo que esta pandemia nos ha dejado una gran tarea para reorganizar nuestras vidas.


La intempestiva pandemia por la COVID-19 nos ha dado la gran oportunidad de aprender y de aprehendernos de otra forma, de cambiar. Nos permitió, por ejemplo, repensar y replantear la forma en que actuamos y llevamos nuestra vida diaria: qué comemos, cómo nos ejercitamos; en general, cuestionarnos qué tan saludable es la vida que llevamos. Pero, me parece, sobre todo cuestionó nuestro grado de responsabilidad social: ¿qué tanto nos importa la otredad y tomar en nuestras manos acciones que nos ayuden como país a combatir de manera más efectiva el virus, así como las consecuencias económicas que ya ha traído tras de sí? Ante éstas, tanto el gobierno federal como el de la Ciudad de México han tomado desde meses atrás acciones como la continuidad a obras estratégicas o el trabajo coordinado con inversionistas o cámaras empresariales. En este tiempo, en el que nos vimos en la necesidad de quedarnos dentro de casa, también se hizo patente el daño a nuestros ecosistemas, resultado de miles de años de explotación. Recordemos las hermosas escenas de Venecia o el mar de Acapulco, con aguas cristalinas y colores vivos al cesar el tránsito de seres humanos, evidenciando el daño que hemos hecho, por lo que se vuelve primordial fomentar el cuidado del medio ambiente.

También hemos tenido que replantear las necesidades laborales, además de enfrentarnos desde el Congreso con un déficit de armas legislativas para actuar y que ha sido posible ir solventando con la aprobación de la realización de sesiones virtuales tanto en Comisiones como de Pleno y para lo cual fue necesario modificar nuestras propias reglas.

La Ciudad de México que todos conocemos tiene un alto número de población en movimiento constante, con largas jornadas de trabajo, un alto porcentaje de pobreza y trabajo informal, transporte público insuficiente y una alta contaminación ambiental, por lo que, esta pandemia nos deja una gran tarea para reorganizar nuestras vidas. Esta nueva normalidad no debe terminar cuando tengamos una vacuna, más bien debe ser el detonante de un cambio de paradigma en el que se reorganicen acciones para evitar las horas pico y el hacinamiento en el transporte público, disminuir el uso del automóvil y tener jornadas de trabajo que permitan a las personas realizar otras actividades recreativas para estar saludables física y mentalmente. También se deben habilitar herramientas que permita a las cerca de 950 mil 500 madres solteras que viven en la Ciudad de México o personas que tienen niños menores a su cargo tener un trabajo al mismo tiempo que cuidan de sus hijos. Por otro lado, se debe incentivar el trabajo formal y regular el informal, buscar un compromiso de los medios de comunicación para que emitan información veraz y oportuna y la creación de redes de apoyo en nuestra comunidad.

Este cambio de paradigma debe tener un fuerte impacto en nuestro sistema de salud, el cual, debe estar centrado en la atención primaria con calidad y calidez por parte del personal, con seguimiento de casos y trabajo en campo. Reconocer la labor de todas las profesiones de la salud: medicina, enfermería, trabajo social, psicología, nutriología, odontología, química, medicina veterinaria entre otras y formar equipos de trabajo multidisciplinarios. La educación de la salud debe ser empática y social no solo hospitalaria. Se debe poner gran énfasis en la salud mental de todos y todas, niños, jóvenes y adultos, además de realizar un tejido de salud sólido donde profesionales y ciudadanos participen.

La información sobre la enfermedad y las medidas de cuidado para evitar el contagio, además de las medidas para atendernos si es que enfermamos y los apoyos para la economía han sido varios y comparables con otros países, sin embargo, hay quienes a tantos meses de distancia y con una cifra que asciende a más de 8 mil 600 muertos solo en la Ciudad de México, siguen sin creer que la enfermedad exista o sigue aludiendo a teorías conspiratorias y, por ende, no han tomado con seriedad las recomendaciones sanitarias emitidas por las autoridades a diferentes niveles y que, hoy, al menos en la capital del país nos ponen en riesgo de regresar al Semáforo Rojo si se alcanza la ocupación hospitalaria de más de 5 mil camas; actualmente hay más de 3 mil en uso.

La Ciudad de México, una ciudad de derechos, la hacemos todas y todos, por lo que debemos ser responsables, informarnos en medios oficiales y seguir las indicaciones de la autoridad sanitaria, ya que, la reapertura solo del 30% del sector económico, ha dejado ver que al parecer no aprendemos y queremos regresar a lo mismo, colas eternas, transporte público hacinado, tráfico, etcétera, sin pensar en las consecuencias que todo esto nos ha generado en nuestra salud física y mental, además del daño al medio ambiente y en la sociedad.

Ningún programa de gobierno es ni será suficiente, sin la corresponsabilidad y la cooperación de la ciudadanía, es obligación de todas y todos no contagiar y no contagiarnos, coopera, cuídate.

Que esta nueva normalidad nos sirva para dejar atrás hábitos que nos dañan y mejoremos la comunicación, la corresponsabilidad, el trabajo, la salud, el medio ambiente y las relaciones sociales.

¡No nos rindamos y, de verdad, aprovechemos este nuevo comienzo! ____________________

Twitter: @MarthaSoledadv2

Notas del editor:

Martha Avila Ventura es coordinadora del Grupo Parlamentario de MORENA en la I Legislatura del Congreso de la Ciudad de México y diputada por el distrito 28 en Iztapalapa.

Desde el año 2008 se ha desempeñado en diversos cargos en la Administración Pública.

Es fundadora del Movimiento de Regeneración Nacional.